Hierro en el agua del grifo: de dónde procede y cómo puede llegar hasta nuestra vivienda
Cuando hablamos de la calidad del agua potable, solemos pensar que todo depende del agua que sale de la planta de tratamiento o de la captación de la que nos abastecemos. Sin embargo, existe un aspecto que muchas veces pasa desapercibido: el agua también puede cambiar durante su recorrido por las tuberías de la red pública y por la instalación privada de cada vivienda o edificio.
La presencia de hierro en el agua es un buen ejemplo. Puede proceder del propio terreno, incorporarse durante la distribución o liberarse desde las tuberías y los depósitos de una instalación interior.
Para solucionar correctamente el problema, es fundamental conocer su origen.
1. Hierro procedente del agua de origen
El hierro se encuentra de forma natural en muchos terrenos y formaciones geológicas. Por eso, puede aparecer en aguas subterráneas procedentes de pozos y sondeos.
En determinadas condiciones químicas, especialmente cuando hay poco oxígeno disponible, parte del hierro presente en los minerales del terreno puede disolverse y pasar al agua.
En estos casos, el agua puede salir del pozo aparentemente transparente y, después de entrar en contacto con el aire, desarrollar una coloración amarillenta, anaranjada o rojiza. Esto ocurre porque el hierro disuelto se oxida y puede formar partículas que terminan depositándose.
Entre los problemas que puede ocasionar encontramos:
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Manchas rojizas o marrones en sanitarios, bañeras y lavabos.
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Depósitos en tuberías, filtros y equipos de tratamiento.
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Alteraciones del color, el sabor y el aspecto del agua.
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Obstrucciones en determinados componentes de la instalación.
Cuando el hierro procede del agua de origen, la solución suele requerir un tratamiento específico, que puede incluir oxidación, filtración u otras tecnologías en función de la concentración de hierro, su forma química, el pH y las características generales del agua.
No existe un único equipo adecuado para todos los casos.
2. Hierro procedente de las tuberías de la red pública
El agua puede salir de la planta de tratamiento cumpliendo los requisitos de calidad y, aun así, experimentar cambios durante su distribución.
Las redes de abastecimiento pueden incluir tuberías de diferentes materiales y antigüedades. En determinadas conducciones metálicas, especialmente las de hierro o acero que presentan corrosión, pueden formarse depósitos y productos de corrosión en sus paredes interiores.
Con el paso del tiempo, estos depósitos pueden acumularse y desprenderse debido a cambios de caudal, operaciones de mantenimiento, reparaciones o variaciones de presión.
Si contienen hierro, las partículas liberadas pueden llegar hasta las acometidas de los edificios y las viviendas.
Esto puede explicar que, en ocasiones, el agua presente una coloración rojiza o partículas visibles después de una interrupción del suministro o de trabajos realizados en la red.
Es importante aclarar que no todas las tuberías antiguas liberan hierro ni todos los problemas de coloración tienen este origen. Para identificar la causa, hay que tener en cuenta el material de las conducciones, las características del agua y los resultados analíticos.
Además, la presencia de hierro no implica automáticamente que el agua sea microbiológicamente insegura. Sin embargo, una alteración del aspecto del agua debe investigarse, especialmente si es repentina o persistente.
3. Hierro procedente de las tuberías privadas de casas y edificios
Hay otra parte del recorrido del agua que a menudo olvidamos: la instalación que existe desde la acometida del edificio hasta el grifo.
En viviendas antiguas pueden encontrarse tuberías de hierro galvanizado, acero u otros materiales metálicos que, dependiendo de su estado y de las características del agua, pueden sufrir corrosión.
Esta corrosión puede liberar hierro y generar depósitos en el interior de las conducciones.
En ocasiones, el problema afecta a una sola vivienda, a una columna de distribución o a determinados grifos de un edificio, mientras que otras viviendas abastecidas por la misma red pública no presentan alteraciones.
Algunos indicios que conviene investigar son:
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Agua amarillenta, anaranjada o marrón, especialmente después de varias horas sin utilizar el grifo.
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Partículas rojizas o depósitos que se acumulan en filtros y aireadores.
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Diferencias de color entre el agua fría y la caliente.
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Problemas que aparecen únicamente en determinados grifos o viviendas.
Estos indicios pueden orientar el diagnóstico, pero no permiten confirmar por sí solos que la causa sea la corrosión. También deben considerarse los depósitos acumulados, los equipos interiores y otras posibles fuentes.
Por ejemplo, si el agua presenta alteraciones después de permanecer estancada durante la noche, conviene comparar una muestra inicial con otra tomada después de dejar correr el agua. Esta comparación puede ayudar a identificar una posible influencia de la instalación interior, aunque no constituye una prueba definitiva por sí sola.
4. ¿Cómo saber de dónde procede el hierro?
Antes de instalar un sistema de filtración, es necesario investigar el origen del problema.
Una forma de hacerlo consiste en comparar muestras tomadas en diferentes puntos:
Primero: el agua de entrada. Se analiza en un punto representativo anterior a la instalación que se sospecha que está causando el problema.
Segundo: la entrada de la vivienda o del edificio. Permite comprobar si el hierro ya está presente en el agua suministrada por la red pública.
Tercero: el grifo afectado. Se pueden comparar muestras iniciales, después del estancamiento, y muestras tomadas tras dejar correr el agua, siguiendo un procedimiento de muestreo adecuado.
En el análisis conviene determinar el hierro total y, cuando sea necesario, diferenciar el hierro disuelto del asociado a partículas. También puede ser útil analizar el manganeso, porque ambos elementos pueden aparecer juntos, así como otros parámetros que ayuden a interpretar la corrosión y los depósitos.
Los resultados deben valorarse teniendo en cuenta las condiciones de recogida de las muestras y el funcionamiento de la instalación.
Si el agua de entrada contiene hierro, habrá que estudiar su tratamiento. Si el hierro aumenta en algún punto posterior, será necesario investigar las conducciones, los depósitos y los equipos situados entre ambos puntos.
5. ¿Qué tratamiento necesita el agua con hierro?
La respuesta depende de dónde se encuentre el problema y de la forma en que aparezca el hierro.
Cuando procede de un pozo o sondeo, puede ser necesario instalar un sistema de oxidación y filtración, siempre que las características del agua lo justifiquen.
Cuando está asociado a partículas que se desprenden de una conducción, un filtro puede retener parte de ellas, pero no soluciona la corrosión que las está generando.
Si el origen está en una instalación privada deteriorada, puede ser necesario reparar o sustituir las tuberías afectadas. Instalar un equipo de tratamiento sin solucionar la causa puede traducirse en mantenimiento frecuente, filtros saturados y resultados poco satisfactorios.
También hay que tener presente que un filtro de sedimentos convencional no elimina necesariamente el hierro disuelto. Elegir el tratamiento adecuado requiere conocer su concentración y su forma química.
Conclusión: No basta con analizar el agua en un único punto.
El hierro que encontramos en un grifo puede proceder del terreno, de la red pública o de las tuberías privadas de una vivienda o edificio.
Por eso, cuando aparecen manchas, partículas o cambios de color, no conviene instalar cualquier filtro sin averiguar primero qué está sucediendo.
En Tratamiento de aguas CPM defendemos una idea sencilla: cada agua necesita una solución adaptada a sus características. Analizar el agua, estudiar su recorrido y localizar el origen de la alteración permite elegir el tratamiento más adecuado y evitar gastos innecesarios.
La calidad del agua no depende únicamente de cómo se trata al principio, sino también de lo que ocurre durante su recorrido hasta el grifo.
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