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¿Qué agua bebes y con qué agua cocinas?

Agua embotellada, microplásticos y agua del grifo: ¿qué estamos bebiendo realmente?

El agua puede parecer limpia y transparente y, aun así, contener partículas o sustancias que no podemos ver. Ni el agua embotellada está libre de microplásticos por el simple hecho de venir precintada, ni el tratamiento municipal evita que la calidad del agua pueda verse afectada durante su recorrido hasta nuestro grifo.

En Tratamiento de aguas CPM llevamos años trabajando en el tratamiento del agua y hay algo que tengo claro: para mejorar su calidad, primero hay que entender qué puede contener y qué tratamiento necesita.

Hoy quiero hablar de los microplásticos y nanoplásticos, de las sustancias químicas relacionadas con los plásticos, del estado de las conducciones por las que circula el agua y de una cuestión fundamental: qué podemos hacer para mejorar el agua que bebemos y utilizamos para cocinar en nuestra propia casa.

1. Agua embotellada: ¿pagamos por una garantía de pureza que no existe?
Durante años hemos asociado el agua embotellada con pureza y seguridad. Compramos una botella, vemos el agua transparente y pensamos que estamos consumiendo un agua libre de sustancias indeseadas.

Pero ¿qué ocurre con el plástico del envase?

En 2024, un estudio publicado en la revista científica PNAS analizó tres marcas de agua embotellada mediante una técnica capaz de detectar partículas de plástico muy pequeñas. Los investigadores encontraron una media aproximada de 240.000 partículas de plástico por litro, de las cuales alrededor del 90 % eran nanoplásticos.

Esta cifra corresponde a las muestras estudiadas y no debe generalizarse a todas las marcas ni a todas las botellas. Sin embargo, demuestra que el agua embotellada puede contener muchísimas partículas que no vemos a simple vista.

Fuente: Estudio sobre microplásticos y nanoplásticos en agua embotellada — NIH.

Las partículas pueden proceder del propio envase, del tapón, de la manipulación o de otras fases del proceso. Además, la temperatura y las condiciones de almacenamiento pueden influir en la migración de determinadas sustancias.

Esto no significa que toda el agua embotellada sea peligrosa, pero sí que una botella precintada no garantiza que el agua esté libre de microplásticos y nanoplásticos.

Y, además de comprarla, tenemos que transportarla, almacenarla y gestionar los envases después de utilizarlos.

¿Realmente tenemos que depender siempre del agua embotellada para beber y cocinar?

2. Microplásticos y nanoplásticos: una contaminación invisible
Los microplásticos son partículas de plástico de hasta cinco milímetros. Los nanoplásticos son mucho más pequeños y pueden requerir técnicas analíticas especializadas para detectarlos.

Estas partículas se originan, entre otras fuentes, por la degradación de envases, fibras textiles, materiales industriales y otros productos plásticos. Se han encontrado en el medio ambiente, en aguas embotelladas y en muestras de agua del grifo.

La investigación también ha detectado partículas de plástico en distintas muestras biológicas humanas, como sangre, pulmones y otros tejidos.

¿Qué significa esto para nuestra salud?

Los científicos están estudiando cómo se distribuyen estas partículas en el organismo y qué efectos pueden producir. En estudios experimentales se han observado procesos como inflamación, estrés oxidativo y alteraciones celulares bajo determinadas condiciones.

En 2024, una investigación publicada en The New England Journal of Medicine detectó microplásticos y nanoplásticos en placas arteriales de pacientes con enfermedad carotídea. Los pacientes en cuyas placas se encontraron estas partículas presentaron una mayor frecuencia de determinados acontecimientos cardiovasculares durante el seguimiento.

Es un hallazgo importante, aunque el estudio no demuestra por sí solo que los plásticos fueran la causa directa de esos acontecimientos.

Fuente: Estudio publicado en The New England Journal of Medicine.

Todavía quedan preguntas por responder sobre las dosis, los efectos a largo plazo y la importancia de cada vía de exposición. Pero hay una conclusión razonable: debemos investigar el problema y reducir las exposiciones evitables cuando existen alternativas adecuadas.

3. Plásticos y disruptores endocrinos: no todo son partículas
El plástico plantea otra cuestión: determinadas sustancias químicas utilizadas en algunos materiales o que pueden migrar desde ellos hacia los alimentos y las bebidas.

Entre las sustancias que han despertado interés científico están determinados bisfenoles y ftalatos. Algunos pueden interferir con el sistema endocrino, que regula funciones esenciales mediante las hormonas.

Los posibles efectos dependen de la sustancia, la dosis y las condiciones de exposición. Tampoco debemos afirmar que todas las botellas contienen los mismos compuestos: por ejemplo, el PET utilizado habitualmente para fabricar botellas de agua no se fabrica normalmente con BPA como componente de partida.

¿Qué nos enseña el trabajo del Dr. Nicolás Olea?
El Dr. Nicolás Olea, investigador español especializado en contaminantes ambientales y disruptores endocrinos, lleva años divulgando sobre la relación entre determinadas sustancias químicas del entorno y la salud humana.

Su trabajo invita a prestar atención a las exposiciones que se producen de manera repetida y que muchas veces pasan inadvertidas en nuestra vida cotidiana.

No significa que debamos considerar peligroso cualquier producto de plástico ni que toda sustancia detectada cause necesariamente una enfermedad. Significa que debemos informarnos, evaluar los riesgos con rigor y evitar exposiciones innecesarias cuando sea posible.

En el caso del agua, una medida práctica consiste en conocer su calidad y valorar qué tratamiento puede reducir las partículas o sustancias que queremos controlar.

4. El agua del grifo: el tratamiento municipal no es todo el recorrido
El agua de la red pública está sometida a controles sanitarios y debe cumplir los requisitos de calidad establecidos. Ese trabajo es fundamental.

Pero existe un aspecto que no debemos olvidar: el agua no pasa directamente de la planta de tratamiento al vaso que tenemos en casa.

Circula por depósitos, conducciones y conexiones. Después atraviesa las instalaciones interiores de viviendas y edificios, que pueden tener diferentes materiales, edades y estados de conservación.

En determinadas circunstancias, las tuberías deterioradas, los depósitos acumulados, las reparaciones o las instalaciones privadas mal mantenidas pueden afectar a las características del agua.

Según los materiales y las condiciones, pueden aparecer partículas, óxidos, sedimentos o problemas relacionados con determinados componentes de la instalación. En algunos casos concretos también puede ser necesario investigar la presencia de metales u otras sustancias.

Esto no significa que todas las redes antiguas estén contaminadas ni que toda el agua del grifo sea insegura. Significa que la calidad del agua debe valorarse teniendo en cuenta tanto su origen como su recorrido.

¿Y qué otros problemas puede presentar el agua?
Dependiendo de su procedencia y de las características de la instalación, puede ser necesario estudiar:

Turbidez y sedimentos, relacionados con partículas en suspensión.
Materia orgánica, que puede influir en las características del agua y en determinados procesos de tratamiento.
Cloro y subproductos de desinfección, que deben evaluarse según sus concentraciones.
Dureza y sales disueltas, que pueden producir incrustaciones y otros problemas técnicos.
Nitratos, arsénico y otros contaminantes químicos, especialmente relevantes en determinadas captaciones de pozos y sondeos.
Microorganismos, cuando existen condiciones que pueden comprometer la calidad microbiológica.
No todos estos componentes están presentes en todas las aguas ni todos representan el mismo riesgo. Algunos parámetros afectan principalmente al sabor o a las instalaciones; otros requieren controles sanitarios específicos.

La cuestión es que muchos contaminantes no pueden identificarse por el aspecto del agua. Para conocerlos hay que recurrir a los análisis adecuados.

5. La fotografía del filtro: lo que una depuradora retiene durante su funcionamiento
En la fotografía que acompaña este artículo se observa un filtro de sedimentos usado, con una coloración marrón muy marcada, junto a un cartucho nuevo.

Este filtro forma parte de una depuradora de ultrafiltración compuesta por tres etapas:

1. Filtro de sedimentos de 5 micras.

Retiene determinadas partículas en suspensión, según las características y la capacidad de filtración del cartucho. Entre ellas pueden encontrarse sedimentos minerales, partículas de óxido y otros materiales presentes en el agua.

2. Cartucho de carbón activo.

Puede reducir el cloro y determinados compuestos orgánicos que influyen en el sabor y el olor. Su eficacia depende del carbón utilizado, las condiciones de funcionamiento y el mantenimiento.

3. Membrana de ultrafiltración.

Proporciona una barrera física capaz de retener partículas más pequeñas y determinados microorganismos.

¿Qué nos dice el filtro marrón?
La diferencia entre el cartucho usado y el nuevo muestra que el filtro ha acumulado tubidez y materia en suspensión durante su utilización.

Además, cuando un cartucho acumula demasiadas partículas, puede aumentar la resistencia al paso del agua y disminuir el caudal. Por eso hay que revisar los filtros y sustituirlos cuando corresponda.

Conviene aclarar algo importante: un filtro de sedimentos de 5 micras no elimina todos los microplásticos y mucho menos todos los nanoplásticos. Para reducir partículas más pequeñas hacen falta tecnologías con características adecuadas, como una membrana de ultrafiltración correctamente seleccionada.

Y ningún filtro de partículas puede garantizar por sí solo la eliminación de todos los contaminantes químicos disueltos.

Por eso, en una depuradora, cada etapa debe cumplir una función concreta.

6. Ultrafiltración u ósmosis inversa: tratar el agua en el punto de consumo
Si queremos mejorar el agua que bebemos y utilizamos para cocinar, una opción es instalar un sistema de tratamiento en el punto de consumo.

De esta forma, el agua pasa por una barrera adicional antes de llegar al vaso o a los alimentos.

La tecnología que conviene instalar depende de las características del agua y de los contaminantes que se quieran reducir.

Ultrafiltración
Un sistema como el que aparece en la fotografía combina filtración de sedimentos, carbón activo y una membrana de ultrafiltración.

Esta combinación puede reducir determinadas partículas, mejorar el sabor y el olor y proporcionar una barrera frente a ciertos microorganismos, según las especificaciones del equipo.

Sin embargo, la ultrafiltración no elimina necesariamente sustancias disueltas como nitratos o arsénico. Cuando existen esos problemas.

Ósmosis inversa
La ósmosis inversa utiliza una membrana que permite reducir muchas sustancias disueltas y numerosas partículas.

Puede ser una solución adecuada cuando se necesita reducir determinados contaminantes químicos, como nitratos, arsénico o sales.

¿Cuál es la mejor opción?
No existe una depuradora que sea la mejor para todas las viviendas.

En algunos casos, la ultrafiltración puede ser suficiente para los objetivos planteados. En otros, puede ser necesaria la ósmosis inversa o una combinación de tecnologías, principalmente en el agua procedente de sondeos.

Lo importante es elegir el equipo según las características del agua y mantenerlo correctamente.

No se trata de instalar más filtros porque sí. Se trata de instalar el tratamiento que realmente necesita cada agua.

7. Menos botellas, más comodidad y un tratamiento adaptado a tu vivienda
Además de la cuestión de los microplásticos, disponer de un sistema de tratamiento doméstico ofrece una ventaja práctica: tener agua directamente en el grifo para beber y cocinar.

No hace falta comprar y transportar continuamente paquetes, cargar botellas, buscarles espacio en casa o estar pendiente de que se terminen.

También podemos reducir la compra de envases de un solo uso.

Pero lo más importante es que podemos elegir un tratamiento adaptado a nuestras necesidades, en lugar de depender exclusivamente de comprar agua embotellada.

Para hacerlo correctamente, debemos tener en cuenta la procedencia del agua, sus características y el resultado que queremos conseguir.

8. Mi conclusión: conocer y tratar el agua es mejor que darla por buena sin más
La investigación ha detectado microplásticos en agua embotellada y agua del grifo, y también ha encontrado partículas en distintas muestras biológicas humanas. Al mismo tiempo, se estudian las posibles consecuencias de determinadas sustancias químicas y de los disruptores endocrinos.

No conocemos todavía todas las respuestas, pero sí sabemos que la calidad del agua no puede evaluarse únicamente por su transparencia o por el tipo de envase en el que se comercializa.

El agua de la red pública debe cumplir los requisitos sanitarios, pero el estado de las conducciones y de las instalaciones privadas también merece atención. Y cuando existen dudas sobre su composición, los análisis son la mejor manera de identificar los problemas.

En Tratamiento de aguas CPM defendemos una solución práctica: tratar el agua en el punto de consumo mediante una depuradora adecuada, bien instalada y correctamente mantenida.

La ultrafiltración y la ósmosis inversa permiten abordar objetivos diferentes. La elección debe depender de las características del agua y de las sustancias que se quieran reducir.

No todas las aguas necesitan el mismo tratamiento. Por eso nuestro trabajo consiste en asesorar y ofrecer soluciones adaptadas a cada situación.

¿Sabes qué tratamiento necesita el agua que bebes en casa?

En Tratamiento de aguas CPM te ayudamos a valorar las opciones para mejorar la calidad del agua que utilizas para beber y cocinar.

Tratamiento de aguas CPM — El agua bien tratada.

 

 

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